Ysabel en Arévalo

La importancia de Arévalo en la vida de la reina radica en el hecho de que para ella fuera su referencia de hogar, citándola como "La mi villa de Arévalo". Llega con tres años, tras la muerte de su padre y su vínculo con la localidad se prorroga hasta la muerte de su madre, Isabel de Portugal, en 1496.

Es en Arévalo donde su hermano se establece tras proclamarse rey, donde ella realiza sus primeros años de formación y gesta su carácter. Como referencias de su paso por Arévalo, mantendría toda su vida la amistad con Beatriz de Bobadilla, su relación con la orden franciscana y su devoción a la Virgen de las Angustias, patrona de Arévalo y por ende de Granada, tras su conquista.

Como reina, siguió visitando Arévalo en diferentes ocasiones, ratificando en una de ellas, el Tratado de Tordesillas. Contribuyó igualmente al auge económico de la villa el hecho de que le concediera la celebración de dos ferias francas.

El destino quiso que su cortejo fúnebre pasara por Arévalo, camino de Granada.

El casco histórico de Arévalo, sus plazas, sus iglesias, sus palacios, con el mudéjar como denominador común, fueron escenario de la infancia de Ysabel y de estancias durante su reinado.

Ya en la época, el cochinillo asado era un manjar muy apreciado que se servía en las celebraciones y acontecimientos festivos y que actualmente es una tradición arraigada en los numerosos restaurantes de la ciudad.