Tal era en aquella época la importancia del comercio en la villa, según se deduce de los datos del catastro de Ensenada, que abundan oficios ya desaparecidos, tan curiosos en estos momentos, como el que hubiera una persona dedicada exclusivamente a fabricar botas de vino; o dos haciendo solo cedazos; o que hubiera albarderos; o 25 tejedores de lienzo, o 114 trabajadores en piel y calzado; cereros, "cuveros", polvorista; y oficios santuarios como dorador, platero, vidriero, tallistas y escultores.

Abundan también los hornos, 5 de teja y otros tantos de cal con 11 industrias, o 7 molinos harineros; en el Arevalillo uno en Párraces particular, junto al puente de El Cubo; en el arroyo de Palacios Rubios, uno propiedad del Obispado, de una muela; arroyo arriba otros dos propiedad de las monjas Bernardas; Arevalillo abajo otro llamado Molino de Valencia, de tres muelas, propiedad en el s. XVIII del Conde de Valdeláguila.

En el río Adaja uno que fue propiedad de D. Álvaro de Luna y después de la Compañía de Jesús, con tres muelas y dos rodenas; otro aguas abajo, a la altura del barrio del Almocrón.

También 4 tenerías, 2 tintoreros y 13 mesones, de ellos 5 en la Calle de los Descalzos, destacando como curiosidad que uno era propiedad del Cabildo Eclesiástico y otro de las Montalvas.

UN RESURGIR INDUSTRIAL