A mediados del s. XVI la villa, al igual que toda Castilla, inicia un imparable declive histórico, perdiendo población, actividad económica e importancia social. Aún así, conoció algún otro momento interesante.

Con Carlos III llega la época de la ilustración, que representó un avance general; en nuestra villa se materializó en un impulso o económico, de reformas en obras públicas, reconstrucción de los templos y un resurgir general. Tanto es así, que a mediados del s. XVIII era considerada una ciudad, en recuperación demográfica, centro fabril y de servicios importante.

Su censo ascendía a 805 vecinos, incluidos los dos centenares de personas a los que se les encajaba como viudas y pobres sin recursos, lo que generarÍa una población de 3.439 arevalenses.

Añadiéndoles 256 más, entre las monjas y frailes que habitaban en sus entonces nueve conventos. Cinco de religiosos : Convento de la Stma. Trinidad, con 19 frailes y 3 criados; convento hospital de Sta. Catalina, 5 frailes y 2 criados; Compañía de Jesús, 1 rector, 13 más y 4 criados; San Lázaro de Franciscanos Descalzos, 19 frailes y 3 donados; San Francisco de la Observancia, 40 frailes y 6 donados.

Cuatro de religiosas: Convento de Sta. María de la Encarnación, con 1 abadesa, 33 monjas, 4 criadas dentro de la clausura y 2 criados fuera de esta, Sta. María de Jesús, 1 abadesa, 25 monjas, 4 criadas y 1 criado; Santa Isabel de las Montalvas, 1 abadesa, 19 monjas, 3 novicias, 2 criadas y 4 comensales; Convento de El Real, 1 abadesa, 26 monjas, 3 criadas comunes, 7 criadas particulares y 4 criados fuera de clausura.

Del declive a nuestros días