Carlos, desde Flandes ordenó que la pensión de treinta mil ducados de por vida y los cinco mil de viudedad, dejados por su abuelo a Dª Germana sobre las rentas de Nápoles, se pasara a algunas ciudades castellanas entre las que estaban Arévalo, Madrigal y Olmedo, con sus tierras y jurisdicción. Lugares que Juan Velázquez tenía en encomienda y había que entregárselos a Dª Germana "para que ella las toviese por su vida para su asiento y morada"

Con este acto, Arévalo, Madrigal y Olmedo, no tendrían ningún perjuicio económico, ni tampoco personal para el Contador Mayor. Pero sí había una merma y desmembración del Patrimonio Real de Castilla, que Arévalo y las otras villas eran de realengo, contraviniendo antiguos privilegios reales, varias veces confirmados, de no ser separadas de la corona.

La ciudad enajenada de la Corona