D. Beltrán Yañez de Oñaz y Loyola, padre de Iñigo López de Loyola, había recibido hacia 1505-1506 una invitación de su pariente Juan Velázquez, por aquel entonces Contador Mayor, para que le enviase a "...uno de sus hijos para crialle en su casa como propio y ponelle después en la casa real".

La intimidad que Velázquez y su mujer tuvieron con estas reinas y princesas, muestra que el palacio, significó para Iñigo la entrada en el ambiente del aula regia.

Entre otros jóvenes que se formaron al amparo del Contador, destacan sobremanera Iñigo López de Loyola y Alonso de Montalvo, este de la nobleza arevalense, que hicieron gran amistad y ejercieron de "pajes" junto a los hijos del Contador en la Corte de Fernando.

En este momento se educa en el palacio arevalense el infante Fernando, que luego será Emperador de Alemania. Conoció a la infanta Catalina, que vivía al lado de su madre Juana en Tordesillas y que luego sería Reina de Portugal.

Están por entonces documentados como educadores en la Corte, Pedro Mártir de Anglería, sabio humanista en lenguas clásicas, retórica, poética y caligrafía; la música y el canto corrieron a cargo de Juan de Anchieta, músico muy célebre, entre otros.

Según Polanco, el joven Iñigo llegó a rimar un poema a San Pedro. Su buena caligrafía renacentista se conserva en papeles del Archivo de Simancas; son asientos contables de su puño y letra.

Su amplia formación cortesana, no caballeresca, cultural, profesional, política y religiosa, fueron extraordinario equipaje en sus posteriores empresas.

Entre sus aficiones esta la caza a caballo con ballesta por los campos y pinares cercanos.

SAN IGNACIO DE LOYOLA EN LA VILLA