Una nueva época se abre en España con la proclamación en Segovia como Reina a Isabel I de Castilla, el 13 de diciembre de 1474. Aquella princesa nacida en la cercana villa de Madrigal de las Altas Torres el año 1451, criada y educada en la paz de nuestra villa. Una proclamación acertada tras la incertidumbre de la nobleza y las ciudades, que dudaron entre Juana "La Beltraneja" e Isabel de Madrigal, después de que la Reina les respetara sus privilegios y cargos.

Durante su educación en el palacio arevalense de la Plaza de el Real, tristemente desaparecido, también tuvo momentos de gozo, juegos y secretos infantiles, con otros niños educados en la corte y su mejor amiga y confidente Beatriz de Bobadilla, hija del entonces Alcaide del castillo.

Tenemos también que destacar su formación religiosa, tanto en el ambiente que reinaba en su palacio, como en los frecuentes contactos con los conventos de la villa, en especial, su relación con el de franciscanos, por entonces reconstruido y protegido por la casa real, "a quien ella señaladamente tenía devoción, porque la casa lo merecía, porque es casa muy devota y donde nuestro Señor Dios se sirve. Y en aquellos tiempos estaba allí un varón muy excelente, que se llamaba fray Llorente: varón de mucha vida y doctrina y santidad, a quien la dicha princesa doña Isabel conoscía mucho, por se haber criado en Arévalo".

El trato con los franciscanos arevalenses, nos habla de una primera dirección espiritual, que Iuego continuó de forma epistolar; Y consta que les escribió muchas cartas, especialmente durante las dificultades surgidas al ser nombrada heredera y en las circunstancias que precedieron a su matrimonio.

Más tarde fue el gerónimo fray Hernando de Talavera, su confesor y el que mayor influencia religiosa tuvo en Isabel. Recordemos su origen judío converso y la gran talla y talante personal, de este importantísimo personaje.

Este mismo dio a D. Pedro González de Mendoza la noticia de que pensaban proponerle para la Mitra de Toledo con estas palabras: "Cardenal, el Arzobispo D. Alonso Carrillo de Acuña os ha dejado la silla de Toledo, paréceme que debéis sentaros en ella, que tan vuestra como esa".

Isabel escribe a Talavera en otra ocasión "de los toros sentí lo que vos decís..." "...aunque no alcancé tanto, más luego allí propuse con toda determinación de nunca verlos en toda mi vida, ni ser en que se corran" A pesar de ello, muchas veces se vio obligada a presenciar estos espectáculos taurinos, que tan arraigados estaban en su pueblo, sólo por complacerle.

Y fue durante su niñez y en las frecuentes visitas a nuestra villa, cuando Isabel demuestra mucha devoción a la Virgen en su advocación de Ntra. Sra. de las Angustias, patrona de Arévalo y su Tierra desde tiempo inmemorial, entonces venerada en su capilla del convento de la Santísima Trinidad. Esta devoción propagará luego por Andalucía durante la reconquista y como caso especial, la entroniza en la ciudad de Granada de la que, desde entonces, también es su muy venerada Patrona.

La reina Isabel no cesó hasta recuperar el señorío de nuestra villa de Alvaro de Stúñiga, para lo que inicia negociaciones en las que pone su garantía personal. Diego de Hontiveros negoció por delegación de Stúñiga en 1479. Se cierra el tratado de reversión

el 23 de julio de 1480 y el 25 de julio el Duque de Arévalo renuncia a tal posesión, titulándose en lo sucesivo Duque de Plasencia.

El 27 de febrero de 1483, la reina Isabel, ratificó las dos ferias francas que anteriormente concediera a la villa su hermano Alfonso, siendo el escribano del documento D. Alvaro Ruiz de Villaflor.

Es cosa cierta que la Reina Isabel, siempre que sus obligaciones reales se lo permitieron, venía "a la mi villa de Arevalo" a ver a su madre, aunque no todas están reflejadas en las crónicas.

El 23 de junio de 1494 vienen los Reyes y sus hijos a visitar a la Reina Madre, donde permanecieron hasta el 4 de julio. Durante esta visita se iniciaron las capitulaciones para la boda de la princesa Juana con Felipe El Hermoso y se celebraron fiestas de toros. También hicieron parada los días 5 al 8 se septiembre del mismo año.

La última visita que conocemos de los Reyes Católicos a nuestra villa, para visitar a la madre de la Reina, fue del 27 de mayo al 3 de junio de 1495.

El 14 de julio, había otorgado testamento en el que cita "mis villas de Arévalo y Madrilgal". La muerte de Dª Isabel de Portugal se produjo el 15 de agosto de 1496, después de vivir tantos años en nuestra villa. Fue enterrada en el Real Convento de San Francisco, en un sepulcro junto a su madre y su hijo Alonso, templo que también fue tumba de tantos hidalgos arevalenses. Ocho años después, ambos fueron trasladados a la Cartuja de Miraflores de Burgos, lugar elegido como Panteón Real donde se encuentran los artísticos mausoleos.

LA REINA ISABEL