Durante los enfrentamientos de la realeza con la nobleza en el reinado de Enrique IV, y en represalia porque la villa fue fiel al infante Alonso, le arrebató la propiedad a su madrastra la reina Isabel de Portugal y concede en merced Arévalo y su tierra a Alvaro de Stúñiga, entonces Conde de Plasencia, para el que Trujillo era una vez más, el precio puesto para su adhesión. Como la ciudad se negó a incorporarse al señorío, aunque Trujillo fue cercada y viendo entonces que la Infanta Isabel se encontraba en Valladolid, se levantó el asedio, dándole como compensación el Ducado de Arévalo, el 20 de diciembre de 1469. Los Stúñiga, era una familia que procedía de Navarra y una de las más poderosas e Influyentes de ese momento.

La Reina tuvo una hija conocida como Juana "La Beltraneja". Fue motivo de disputas civiles por la sucesión al trono, entre ella y la Princesa Isabel. La cuestión se solucionó mediante el Tratado de los Toros de Guisando.

El rey Enrique IV, enfermo, durante una cacería tuvo que regresar urgentemente al alcázar de Madrid al sentirse peor; y sin apenas descalzarse, se derribó en el lecho sin fuerzas para contestar a los que le rodeaban, muriendo la noche del 11 al 12 de diciembre de 1474, sin hacer testamento. El cronista oficial nos dice que "solo el rey respondió sosegadamente de que dejaba por sus testamentarios y albaceas al Cardenal de España y al Duque de Arévalo".

EL DUQUE DE ARÉVALO