Por tratarse la Tierra de Arévalo de señorío real, en poder de su madre, Alfonso, al contrario que a otras ciudades, no concedió muchas mercedes. Sin embargo concedió a "su villa de Arévalo" un importante documento, dividido en dos partes. La primera, es una exención de pechos y tributos reales que beneficiaban a los cristianos, a los judíos y a los moros. La segunda parte, que si puede considerarse como una auténtica merced, era la concesión de dos ferias francas de alcabalas, como a otras villas del reino, que servían para reactivar la economía y el comercio, a celebrar durante veinte días a fines de primavera y verano, estipulándose como dato curioso, que la de primavera, se celebrara ante las puertas del palacio de la reina Isabel de Portugal, su madre. Esta concesión sería ratificada por su hermana Isabel en 1483, siendo ya reina."

El rey muere en Cardeñosa el 5 de julio de 1468, de una forma misteriosa, con apenas catorce años y surgiendo como símbolo de libertad y esperanza para esa Castilla en tan grave anarquía; mostró una gran entereza y su corte una gran actividad reconciliadora. Al último Trastámara castellano, Jorge Manrique, el autor de las "Coplas a la muerte de su padre", el poeta militar de noble familia, compuso unos versos que reflejan fielmente lo que Alfonso Xll, Rey de Castilla, pudo ser:

Más como fuese mortal, metiólo la muerte luego en su fragua ¡Oh juicio divinal!, cuando más ardía el fuego, echaste agua.

El Obispo de Coria se encargó de trasladar por última vez el cuerpo de Alfonso hasta su Arévalo, al convento extramuros de San Francisco de la Observancia, junto a la tumba de su abuela Isabel de Barcelos.

LAS FERIAS FRANCAS