En el reinado de Enrique IV, se deteriora gravemente el gobierno y pronto se plantean problemas de sucesión que desencadenan una guerra civil entre partidarios del propio rey y del infante Alfonso, su hermanastro. El conflicto se agrava y culmina con el destronamiento el 6 de junio de 1465 de Enrique IV y la proclamación como rey de Alfonso en la denominada "Farsa de Ávila".

Este mismo año, Juan Pacheco, Marqués de Villena, se apoderó de Arévalo.

Los leales a Enrique IV intentan su recuperación infructuosamente "el último consejo del Arzobispo de Toledo, había sido el ataque a Arévalo, principal punto de apoyo del Marqués de Villena al norte de los puertos. Enrique IV reunió sus tropas en Medina del Campo el 27 de mayo de 1465, allí se le unieron la reina y la infanta Isabel, dejando a Juana en el alcazar de Segovia, al cuidado de su alcaide Perucho de Montaraz. Las fuerzas que el Almirante y el Obispo Carrilllo habían prometido no llegaron y en esta situación el ataque a Arévalo, defendido por el adelantado Juan de Padilla y el Obispo de Burgos Lus de Acuña constituyó un auténtico fracaso".

Nuestra villa durante ese efímero doble reinado fue el centro de operaciones y protagonista de todos los actos que el rey Alfonso XII realizara pues se consideraba protegido no solamente por las fuertes defensas de la villa, sino por los propios arevalenses, gran número de nobles y al amparo de su madre.

La corte del joven rey, fijada en Arévalo, estaba compuesta por más de doscientas personas a su servicio. Era una corte de poetas, como la de su padre, destacando Jorge Manrique y se rodeó de buenos consejeros.

En el desaparecido palacio se celebraron fiestas literarias como aquella del 14 de noviembre de 1467, con motivo de cumplir el rey los catorce años y en el que fueron leídos por jóvenes cortesanas entre las que se encontraba su hermana la infanta Isabel, futura Reina Católica, unos fados a modo de cancioncillas, compuestas por Gómez Manrique, en aquel momento Corregidor de Ávila. Fiesta del más puro estilo cortesano, augurando toda clase de buenos deseos y venturas al joven monarca de ojos azules que, "tan enamorado, donde pones los ojos, levantas nuevo cuidado".

El último, leído por la infanta Isabel en los salones de palacio, dice así:

Excelente rey doceno de los Alfonsos llamados, en estíaño catorceno te faga Dios tanto bueno que pases a los pasados en triunfos e vitorias en grandezas tenporales, e sean tus fechos tales que merezcas amas glorias terrenas e celestiales.... ... Esto tome por estrenas vuestra real señoría, con muchas Pascuas y buenas que vos de quito de penas el Fí de Santa María Este vos faga reynar con paz en vuestras regiones el vos dexe conquistar cítara et ultramar a las bárbaras naciones.

A la muerte del Príncipe de Viana, el reino de Aragón tenía otro sucesor que no era otro que el príncipe Fernando, hijo de Juan II de Aragón y de su segunda esposa Juana Enriquez y en una entrevista que ambos reyes tuvieron en Alfaro, se concertó matrimonio entre Isabel y Femando.

Arévalo como centro de su corte, vivió momentos de gran importancia militar, como cuando el Conde de Alba, reunió en la villa trescientos hombres de armas, doscientos jinetes y cerca de dos mil quinientos peones entre ballesteros y piqueros, acto militar que fue revistado, en espectacular ceremonia y entre aclamaciones, por el propio rey.

LOS DOS REINADOS